¡Oh infernal Súcubo,
reflejo vivo de mis oscuros deseos!
¿Cuando vendrás a mi lecho,
a condenarme al tormento eterno
de ser esclavo de tus más eróticos sueños?
El sueño es el mismo siempre…. La luz del farol ilumina su silueta recortada contra la noche…. Camino despacio avanzando hacia ella. Siento su mirada clavarse en mí, aún cuando las sombras le cubren el rostro.
Inmediatamente mis sentidos se alertan, algo me dice que aquí la presa soy yo… sigo mi camino pasando delante del farol y viéndola de reojo
- Hey… ya llegamos…
- Maldita sea… me volví a que dar dormido…. ¡Gracias!
Bajo del micro totalmente resignado a regresar a casa caminado, no es la primera vez que me sucede esto, el cansancio me vence y me paso de mi parada. Afortunadamente de aquí a la casa son apenas unos minutos a pie. Quizás el aire fresco me despeje la cabeza y ahuyente de mi mente las telarañas y el estado de ansiedad que me provoca este persistente sueño donde ella es la protagonista y yo un impotente espectador.
Avanzo por la avenida, salpicada de manchas de luz que derraman los faroles sobre el pavimento. La calle vacía es un tétrico escenario, afortunadamente mi colonia no es lo que solía ser antes o seguro llegaría a mi casa con menos dinero en los bolsillos y sin ninguno de mis juguetes electrónicos.
Camino por la acera alerta, el hecho de que la delincuencia haya disminuido no me asegura que no pueda pasarme algo, la prudencia es la mejor parte del valor, decía mi padre. Así que me quito un audífono y disminuyo el volumen de mi iPod mientras avanzo rápidamente hacía mi casa.
Normalmente a estas horas no hay nadie por la calle, la gente suele refugiarse en sus casas pasadas las 11, costumbre arraigada desde los años en que las bandas dominaban la colonia, dejando una estela de muertos en las aceras. Malos tiempos para la gente que trataba de salir adelante en este barrio de clase media baja.
Sin embargo, ahora las parejas son lo que mas comúnmente se encuentran en las calles, intercambiando ardientes besos al amparo de la oscuridad y con la complicidad de los patrulleros que sonríen cínicamente imaginando que son ellos los que comparten el ardoroso cuerpo de una chica en lugar de tener que dar vueltas constantemente por las estrechas calles.
Sonrió mientras me descubro a mi mismo compartiendo deseos con los tiras, que suerte de aquellos que tienen a ese alguien especial que les caliente el corazón y porque no decirlo, sus camas. A lo lejos, distingo la silueta de una pareja que a la luz indirecta de un farol, se caldean mutuamente, apagados gemidos se perciben, gracias en parte a la soledad y quietud de la calle.
Cambio de acera con la intención de no molestarlos, de no interrumpir su secreto coloquio y su intercambio de caricias, me ajusto los audífonos apenado de la ligera turbación que me provoca escucharlos y avanzo más de prisa, tratando de pasarlos tan pronto como me sea posible.
Estoy a la altura de la pareja cuando sin querer volteo, los ojos de la chica se levantan en el preciso instante que los miro. Me produce un tremendo impacto el darme cuenta que son los mismos ojos que me atemorizan en mis sueños…
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Hace dos semanas que deje de tener los mismos sueños, aunque cuando estoy despierto una terrible angustia me invade por momentos, sin poder olvidar la sensualidad y calidez que descubrí en esa mirada. Quizás sea incorrecto decir que no tengo sueños, más propio sería decir que estos han cambiado.
Una terrible y desesperada corriente erótica recorre mi cuerpo y mi alma por las noches, fantasías que me hacen despertar empapado en sudor y cubierto por otros fluidos de dudosa procedencia. Encuentros sexuales de diversas índoles han inundado mis momentos oníricos donde lo más preponderante es su mirada clavada en la mía, como si tratara de robarse mi alma al tiempo que consume mi cuerpo.
No la he vuelto a ver desde esa noche, a veces pienso que solo me imagine que era la misma chica de mis sueños, y de ahí viene toda esta turbación que me ha invadido, de mis deseos y anhelos más íntimos, trato de dominarme pensando en ello, tratando de interiorizar mis sentimientos para descubrir que es lo que me sucede.
Durante el día mis clases transcurren con normalidad, salvo un par de momentos embarazosos que me sucedieron cuando le exponía a mis alumnos la aplicación de la cromatografía de gases en la identificación de los componentes de una muestra, tema por lo demás serio que requería toda mi atención.
Sin embargo mi concentración se rompió cuando Ale, una de mis mas destacadas y jóvenes pupilas, involuntariamente, y eso es lo que quiero creer, me mostró sus bien torneados muslos al preguntarme acerca de los métodos de inducción del analito en la cámara de vaporización instantánea. Mi inmediato sonrojo seguido de una notoria erección hizo que tuviera que refugiarme detrás de mi atril mientras recuperaba un poco de mi dignidad entre los traviesos cuchicheos del resto de la clase y la profunda mirada de Ale.
Después, para ponerle la guinda al pastel, no pude evitar seguirla con la vista mientras salía envuelta en su primaveral vestido corto que hacia que destacara su silueta de manera increíblemente atractiva y ese escote donde su dije con forma de corazón se enmarca sensualmente señalando el valle entre sus senos. El resto de la clase soltó murmullos divertidos mientras los apuraba para que vaciaran el salón y salieran a sus siguientes actividades.
Como uno de los profesores más jóvenes del campus, he tenido mucho cuidado en mi trato con las alumnas, claro esta que ni de chiste tendría una relación con alguna de ellas, lo que ha hecho contrariar a más de una, si me permito un momento de vanidad.
Sin embargo, bueno, este par de incidentes ha cambiado un poco la imagen de inalcanzable que tenia ante mis alumnas, lo que ha hecho que mi despacho se este llenando de pegatinas con mensajitos y chocolates a un alarmante ritmo y que mis compañeros se tengan que aguantar la risa cada vez que una de ellas viene a hacerme consultas agitando las pestañas y contoneando la cintura.
Pensando con prudencia y para evitar más desastres la siguiente clase reorganice la manera en que se sientan los alumnos con el pretexto de formar grupos de trabajo encaminados a fomentar la investigación segmentada, pura palabrería para ocultar que no quería que Ale estuviera nuevamente en primera fila.
Así que entre estas desventuras se han ido dos semanas desde mi casual encuentro con su mirada, la vida sigue adelante y no encuentro sosiego en mis atribulados días ni en mis eróticas y sensuales noches.
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Una constante y fina lluvia cae sobre los árboles, produciendo un suave y nostálgico sonido al golpear el follaje, camino por el parque sumido en mis pensamientos mientras el mundo se convierte en una pálida escala de grises. Unos pasos ligeros me acompañan, alguien me sigue con suaves pisadas que provocan un ligero murmullo en las húmedas hojas.
Capto su fragancia que me envuelve, incapaz de ignorarla vuelvo la cabeza para descubrir que no hay nadie ahí, siento su presencia detrás mío, pero se que si volteo a buscarla volverá a escaparse tan etérea como siempre. Continúo mi camino a través de la alfombra de agujas de pino que cubren el suelo, dejando una efímera marca de mi paso.
Mi andar me lleva hasta un claro muy dentro del bosque, ignoro el frío que se cala en mi cuerpo debido a mis ropas empapadas. Me acerco al centro del claro con paso firme pero ansioso, se que ahí encontrare lo que vine a buscar. Sigo mi camino dispuesto a entregarme a la vorágine de deseo que se que me inundara cuando sus manos encuentren mi cuerpo.
Lentamente las zarzas brotan del suelo, inmovilizándome al tiempo que unos brazos me estrechan por la espalda y unas calidas manos se introducen debajo de mis ropas haciéndome soltar un gemido de placer que rompe el silencio polarizando mis sentidos. Los tallos espinosos suben por mis piernas desgarrando mis pantalones.
La hierba crece rápidamente formando acogedor lecho, mientras sus expertas manos me desnudan y sus ardientes labios recorren mi espalda, incitándome y torturándome al mismo tiempo. Un sensual e invisible cuerpo se restriega contra el mío presionándome contra el tálamo de musgo y espinas mientras esos omnipresentes ojos me miran con lujuria. Me recorre con premura, acariciando mi alma al tiempo que mi cuerpo, sus besos penetran mi ser.
Un rayo de sol cruza el firmamento abriendo las nubes e iluminado el claro, su delicada silueta comienza dibujarse tenuemente, cual delicados vapores que se condensan por la acción de la luz, formando unos tiernos senos de rosados pezones, una esbelta cintura, unas piernas largas y torneadas, unos labios carnosos, unos brazos firmes.
Mi delirio aumenta mientras su cuerpo toma forma frente a mis ojos, por primera vez mi obsesión tiene sustancia definida, una presencia tangible a través de la cual canalizar mi libido. Se perfila esbelta y erótica, sensual y virgen, etérea y calida, totalmente mujer y húmeda por la pasión.
La miro sorprendido entre el éxtasis y el asombro, los ojos son los mismos de siempre, de un café profundo con destellos color miel, penetrantes e intensos, tan profundos que me provocan el deseo de hundirme para eternamente en ellos. Si, los ojos son los mismos que me hechizan, pero el rostro y el cuerpo, el cabello y el perfume no son de ella.
La reconozco al momento que nuestros cuerpos se funden, cuando sus piernas me rodena apresando mi cintura, cuando mis ávidos labios encuentran su cuello, la reconozco y aún así la tomo entre mis brazos y penetro en lo más profundo de su ser.
Mi mente reacciona explosivamente y me despierto entre un revoltijo de almohadas y sabanas, el sudor baña mi cuerpo como tantas otras veces, el frío de la noche me golpea violentamente disipando los vapores en mi cabeza.
Es Ale a quien le hago el amor en mis sueños.
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Dos semanas más de tentación y delirio, ansió la soledad y sin embargo no puedo sustraerme de mis deberes. Algunos de mis alumnos presentaran sus anteproyectos de tesis y mis obligaciones son primero. Desgraciadamente Ale es una de mis tutorías, así que no puedo huir su trato, sin embargo las juntas se han vuelto un pozo de confusión y lamentó pensar que ella se ha dado cuenta de mi distanciamiento.
Eventualmente, avanzamos a un ritmo normal con sus tópicos y creo que presentara un excelente anteproyecto, así que en menos de seis meses cambiara de asesor cuando su tesis sea aceptada. Aunque los días pasan lentamente y el trabajo nos abruma, a veces creo descubrirla mirándome fijamente, y cuando eso sucede elude mi mirada ruborizándose intensamente.
La tensión se respira en el campus mientras la primavera se acerca al verano cada vez más y los estudiantes cambian las habituales chanzas por concentración, con la proximidad de los exámenes de fin de semestre se sumergen en sus estudios, claro, salvo aquellos que ya dan todo por perdido.
Conforme pasan los días los sueños se repiten con suficiente intensidad como para que algunas veces me despierte temeroso de mi mismo, confusas imágenes que brincan entre Ale y ella, duplicidad de mujeres que me seduce y me confunde por la intensidad de las ansias que despiertan en mi. Salto constantemente entre la excitación y el autocontrol y siento que voy perdiendo la batalla.
Cuando llega el día D, los alumnos aparecen en sus mejores galas para presentar sus disertaciones, el optimismo se mezcla con los nervios en un coctel por demás explosivo, he visto a excelentes alumnos fallar en sus ponencias por no saber mediar los ánimos e irse de la lengua y hasta en casos extremos por olvidar temas tan perfectamente estudiados en un momento de pánico.
Veo con aprensión acercarse la hora en que Ale defienda sus postulados frente al consejo de titulación. Entre mis estudiantes, su proyecto acerca de la Identificación de elementos químicos dispersos en muestras orgánicas ha generado altas expectativas dentro del consejo y aún entre muchos de sus compañeros, pues contrariamente a lo normal, ella es la única que emprendió su proyecto sola.
Observo como entra a la atestada sala de exposición, mientras muchos de sus compañeros toman asiento en las butacas detrás de ella con sonoras exclamaciones de ánimo y curiosidad. No le acompaño, durante el tiempo de la asesoría determinamos que seria mejor así, dejarla sola frente al consejo para que no se pusiera nerviosa. Aunque el reglamento me da el derecho de estar a su lado y apoyarla en caso de ser necesario, acordamos que me llamaría si lo requiriera, siendo el caso, entraría.
Las horas pasan lentas, el consejo previendo esta situación le dio el último turno de ponencias a fin de poder extenderse con ella de ser necesario. Al parecer fue una buena medida ya que se han tomado una hora más de lo normal. Desde mi despacho al fondo del pasillo alcanzo a escuchar los murmullos procedentes de la sala, mientras me tomo una taza de café que no ayuda a mitigar mis nervios.
Una estruendosa ovación estalla repentinamente, los vivas y gritos de felicidad inundan los pasillos de el edificio al tiempo que los estudiantes abandonan la sala de exposición con aire festivo, corro por el pasillo olvidándome momentáneamente de la compostura, llego a la sala para verla rodeada de maestros y compañeros que la felicitan efusivamente, confundiéndose entre el mar de gente que pugna por estrechar su mano.
Luce una radiante sonrisa mientras voltea hacia la puerta, sus brillantes ojos buscan ansiosos los míos, y sus labios dicen – Lo logramos – en un silencioso gesto destinado solo a mí. Su momento de triunfo y gloria le pertenece por completo, pero su alma generosa lo comparte conmigo. Me doy cuenta en ese momento que ya no trabajaremos juntos de nuevo, lentamente me doy vuelta y me alejo por el pasillo, dejándola rodeada de la gente que la felicita.
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Las vacaciones estivales pasan lentas y tediosas bajo el calor de las tardes repletas de sol, me he tomado la molestia de salir de la ciudad en temporada alta, aunque claro que con mi sueldo de maestro no me alcanza para un crucero en el caribe, así que me refugio en una ciudad colonial de las tantas en México, en un cómodo hostal que me ofrece comida y alojamiento a un módico precio.
Paso mis días divagando mientras visito edificios y museos, en un esfuerzo por recuperar mi paz interior, camino por las calles empedradas al caer la tarde, redescubriendo los vivos colores que produce el sol cuando ilumina los entejados o las columnas de granito. Disfruto la vida diurna con alegría y calma, aunque mis noches le siguen perteneciendo a ellas.
Los sueños me siguen abrumando con ideas y tentaciones que antes me eran desconocidas, escenas que nunca había imaginado donde son el objeto de mis ansias. En ocasiones Ale invade mis sueños, a veces es ella la que con sus ojos me domina. A veces son ambas las que me atan con sus encantos. Mi mente fragmentada entre la pasión y la cordura se debate frenética tratando de superar la angustia que me causa despertar y sentirme tan ajeno a mi mismo.
Un par de veces he sorprendido a los dueños del hostal deambulando por el vestíbulo a altas horas de la noche, incapaz de conciliar el sueño por el miedo de dormirme y soñar. Algunas veces salgo muy de madrugada y regreso muy noche, hambriento y extenuado tratando de que el cansancio físico me sumerja en un sueño sin sueños.
Platico con ellos a horas inverosímiles mientras tomo ingentes dosis de café o té. Hablamos de esto y aquello hasta que mis ojos no pueden más, la Sra. me dice que la tristeza se ha alojado en mi rostro y yo solo atino a sonreírle vagamente y echarle la culpa al aburrimiento o al cansancio.
Los sueños invariablemente me acosan, y algunas veces, en la entrevela, me despierto y siento como si sus cuerpos me acompañaran en mi cama, su calor a través de las sabanas, su perfume llenando mi espacio, la sombra de su cabeza posada en la almohada. Ahora me han hecho inclusive dudar de mi cordura. ¿Cómo seria posible que ellas compartieran mi lecho?
Aún me quedan algunos días de vacaciones. Pero negándome a hundirme en la incertidumbre regreso al D.F. con las maletas llenas de recuerdos para mis compañeros profesores y alguno que otro detalle para mis alumnos, deliberadamente no le compre nada a Ale, tratando de mantener la sana distancia que he mantenido desde que presento su anteproyecto.
Al volver a mi casa el teléfono esta lleno de mensajes, facturas y notas llenan mi buzón de correo y mi email esta saturado al grado de hacer urgente y necesaria una limpieza. Saco una coca del refrigerador y siendo fiel a mis principios, comienzo por verificar las facturas y enviar los pagos pertinentes. Algunos de ellos hacen necesario que acuda al banco, así que salgo al bullicio de la calle con mis documentos, mi iPod y mis pagos pendientes.
Termino mis trámites y después me tomo un café en la calle de Gante a la luz de las farolas, tengo que volver a casa, vaciar mi email y escuchar los mensajes del teléfono. Así que camino con paso vivo hacia el metro pensando en las actividades que tengo pendientes. El gentío en los trenes hace que tenga que esperar que pasen al menos un par de ellos antes de poder siquiera acercarme a la puerta. Entro a empujones, como es clásico en este medio, detrás de mí un par de fornidos trabajadores presionan con ahínco para poder abordar, no se que sea más molesto, su constante forcejeo o el penetrante efluvio que brota de sus axilas.
Una señora molesta voltea a verme con cara de enfado, a la que respondo con mi mejor mueca de impotencia y una señal con los ojos señalando a los trabajadores, un niño llora al fondo del vagón, mientras un par de adolescentes se cuelan por entre la gente buscando un mejor lugar. Las leyes de la física hacen que me mueva girando mi cuerpo para evitar ser aplastado contra un tubo de apoyo. Un ejecutivo se desplaza moviéndose hacia su derecha, dejándome pegado a un cuerpo femenino que percibo voluptuoso mientras volteo a ver quien me sigue empujando.
Una melodiosa voz me dice casi en susurros – Que sorpresa profesor, me tenía usted muy abandonada – volteo asombrado a tiempo para ver como sus manos toman mi cara y que sus labios se acercan a los míos, percibo su calor, su aroma y su determinación. Ale me besa lentamente con sus sensuales y carnosos labios al tiempo que placenteramente introduce su lengua en mi boca.
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Abro los ojos, la observo, centro mi atención en sus delicados senos que se mecen al compás de nuestras acometidas, su suave cabellera se expande revuelta en las almohadas, mientras torna los ojos en un éxtasis de pasión. Recorro su rostro con mi mano hasta alcanzar sus labios que gozosos capturan mis dedos en un desenfrenado jugueteo.
Sus piernas, cual poderoso puño, se cierran en torno a mi cintura atrapando mi cuerpo dentro del suyo, incrementando el placer del roce de nuestros sexos. Me mira a los ojos, divertida y sorprendida, con una enigmática sonrisa que me quita el aliento, sus manos me recorren lascivamente, arañan mi espalda, acarician mi pecho.
Damos vueltas a la cama al tiempo que reconocemos nuestros cuerpos, intercambiamos posiciones mientras nos besamos. Toma mi cabeza estrechándola sobre su pecho, sumiendo mi rostro entre sus senos. Me cabalga con un feroz abandono, la tomo de la cintura mientras marca su propio ritmo, las acometidas van acompasadas por sus profundos gemidos, mientras mi respiración entrecortada por el éxtasis sube de tono.
Lo que sigue después es tal derroche de sexo y creatividad que escapa a mis sentidos, su cuerpo ávido y voluptuoso parece por momentos fundirse con el mío, respiro de su aliento, siento por su piel, veo la luz en sus ojos y mi corazón late al ritmo del suyo. Nos acercamos al orgasmo al unísono, en la comunión de nuestras almas y cuerpos.
Lenta y pausadamente toma mi cara entre sus manos, su mirada profunda llega hasta lo más hondo de mi ser, su voz derrite mi cordura y satura mis sentidos mientras me dice – Quisiera entregarte mi corazón, mi cuerpo y mi alma –suelto mi semen dentro de ella que complacida sonríe, por un momento sus ojos no son sus ojos y mi febril mente capta los atisbos de unas alas que rodean nuestros cuerpos. Por un par de segundos los ojos de ella me miran a través de la mirada de Ale. Pierdo la cordura al estallar el orgasmo, después de eso nada importa.
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Entre sueños, mi atribulada conciencia vaga por los recuerdos, han pasado cinco años y Ale y yo seguimos juntos, el escándalo que se desato en el campus fue efímero ante la sorpresa de nuestra inminente boda. Ella se gradúo con honores, yo seguí dando mis clases con determinación y entusiasmo, aunque no volví a ser tutor de ninguna chica.
Ahora convivimos nuestros días y disfrutamos nuestras noches, compartimos nuestras ideas, capeamos los temporales de nuestros enojos y llenamos los vacíos con risas y aventuras espontáneas. Me he aficionado a la cocina y ella se hace cargo del motor del auto. Nada entre nosotros es sencillo o simple y pocas cosas se ajustan a los convencionalismos sociales. Pero nos divertimos juntos y nos extrañamos en nuestras breves ausencias.
Hemos pensado en tener un hijo.
Sin embargo nunca le he dicho que en los aniversarios de nuestro primer encuentro, cuando hacemos el amor, por unos breves segundos sus ojos no son sus ojos y las alas de un súcubo nos rodean cual amoroso capullo.
David Álvarez
México, D.F. 11 de Marzo de 2009.